Una de las razones por las que me gusta ser mentor es que me conecta con personas talentosas y, de cierta forma, me hace sentir que desde algún lugar formo parte de esas historias, aportando mi granito de arena.
Gracias a plataformas como ADPList, esa conexión se vuelve más accesible. Las barreras geográficas desaparecen y las conversaciones fluyen con profesionales que están reimaginando industrias y enfrentándose a retos únicos.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de conversar con Ash, una Product Manager que, después de años trabajando para distintas empresas, decidió dar el salto a emprender. Su misión: resolver un problema que todo Product Manager conoce muy bien: el caos del feedback de usuarios.
El feedback de los usuarios llega desde todas partes, en formatos diversos y muchas veces desconectados. Transformar ese flujo interminable en insights accionables puede ser un desafío agotador. Ash y su socio están desarrollando una solución que centraliza estas fuentes de feedback en un solo espacio y utiliza inteligencia artificial para identificar patrones que ayuden a tomar decisiones más rápidas y acertadas.
Sin embargo, durante nuestra conversación surgió un desafío clave: ¿cómo diferenciar su propuesta de valor en un mercado que ya cuenta con soluciones similares?
Hoy en día existen varias herramientas que prometen organizar el caos del feedback disperso y generar insights útiles. ¿Qué podría ofrecer Ash y su equipo para destacar entre competidores establecidos?
Más que un producto: construir un negocio
Este caso me llevó a reflexionar que emprender no es solo crear un producto. Una startup es mucho más que el producto que ofrece. Si bien este es el núcleo tecnológico, es el modelo de negocio completo el verdadero motor que impulsa la diferenciación y la sostenibilidad de la propuesta de valor.
En la sesión exploramos preguntas clave como:
- ¿Quién es tu cliente ideal (ICP, Ideal Customer Profile)?
- ¿Qué motivaría a una empresa a cambiar su proveedor actual por tu solución?
Planteé esta última pregunta con un toque más dramático: “¿Por qué traicionarían a su proveedor actual para trabajar contigo?” A veces, el drama ayuda a abrir la mente y ver el problema desde nuevas perspectivas.
Para muchos la respuesta natural podría ser “es verdad, no tiene sentido crear otro producto que haga lo mismo que los ya existentes”, pero el espíritu de quien emprende tiene algo de necio, otro poco de atrevido y cierta audacia para encontrar oportunidades en las zonas grises. Porque, como dice el refrán, “el diablo está en los detalles”.
¿Habrá algún tipo de cliente que pueda no estar dentro del foco de los jugadores actuales y pueda beneficiarse de una solución así? ¿Habrá algún segmento desatendido por la competencia con el cual podríamos conectar?
Fue entonces cuando identificamos una oportunidad (hipótesis): las startups.
Mientras las empresas grandes suelen tener herramientas consolidadas y relaciones de confianza con quienes las proveen, las empresas que están comenzando enfrentan desafíos específicos. Equipos reducidos, falta de especialistas en producto o user research, y una necesidad urgente de obtener insights accionables podrían convertirlas en una interesante hipótesis de nicho desatendido que podría percibir valor en una solución que les hable a ellos.
El nicho como punto de partida
Propusimos apuntar a este nicho con un Minimum Lovable Product (MLP) diseñado exclusivamente para startups, capaz de entender y resolver su problema con precisión y validar el product-market fit.
Pero el verdadero poder de esta estrategia está en lo que viene después. Construir relaciones sólidas con estas startups le permitirá evolucionar junto a ellas, ofreciendo soluciones más robustas que eventualmente puedan atraer a clientes enterprise.
Y quién sabe, tal vez alguna de estas startups pase de ser un equipo pequeño a convertirse en una empresa líder, gracias a las herramientas que Ash les proporcionó en sus primeros pasos.
Espacio para la innovación
El caso de Ash es un recordatorio poderoso de que siempre hay espacio para la innovación, incluso en mercados saturados. Encontrar el valor diferencial no siempre radica en lo que el producto hace, sino en cómo se entrega y a quién se dirige.
Recordando a Clay Christensen y su teoría de la disrupción, la clave no es necesariamente competir directamente con los jugadores establecidos, sino atender a nichos desatendidos con necesidades específicas que otros han pasado por alto.
Conclusión
Así que, si estás emprendiendo, recuerda: una startup no es solo un producto, es un negocio. Aunque el producto es el corazón de la solución, siempre habrá otros capaces de replicarlo en mayor o menor medida. La verdadera ventaja competitiva está en construir confianza con tus clientes, en que te perciban como quien realmente entiende y resuelve sus problemas importantes.
Esa confianza no se gana únicamente con lo que haces, sino con cómo lo haces: la atención que brindas, los canales a través de los cuales entregas valor, y todos esos elementos únicos de tu modelo de negocio que hacen que tu propuesta sea más que solo un producto.
Mientras que cambiar de producto puede tener un costo, el costo de cambiar la confianza que un cliente deposita en ti es mucho más alto y, a menudo, difícil de racionalizar. Si logras crear vínculos sólidos y demostrar tu compromiso con sus necesidades, tus clientes pensarán dos veces antes de considerar a la competencia.
En un mercado competitivo, esa es la estrategia que hace la diferencia: no solo crear algo funcional, sino construir relaciones que trasciendan y hacer que tu negocio sea indispensable en la vida de tus clientes.
Artículo creado en colaboración con un asistente de IA; las ideas y reflexiones son propias. Publicado originalmente en LinkedIn.