La IA no es una estrategia. Es una capacidad — y como cualquier capacidad, solo importa cuando apunta a un problema real.
Antes de sumar IA a un producto, me hago tres preguntas: ¿Hay acá un trabajo que hoy es lento, caro o imposible? ¿El costo de equivocarse es lo bastante bajo como para tolerar una respuesta probabilística? ¿Y una solución más simple y determinística nos llevaría al 80% del camino?
Los equipos que ganan con IA no son los que más la usan. Son los que son honestos sobre dónde se gana su lugar — e implacables sobre dónde no.